estudio y experiencia de Un Curso de Milagros

Embestidas

Puedo llevar varios días “tranquilo”, o tal vez he tenido ayer un día de paz, armonía, alegría, dulzura, y de repente a la mañana siguiente, ya avanzada la mañana, me doy cuenta de que me siento mal. Si observo, entonces, mis sensaciones, el cuerpo me duele y no es algo físico, hay una mezcla de angustia, insatisfacción. Una nube oscura que abarca mi pecho y sus alrededores me duele, y no es físico.

Idealmente, me paro en algún momento, me siento, cierro los ojos y respiro, como puedo. La situación me lo permite. Entonces me hago más consciente todavía de mis sensaciones y me voy dando cuenta de por donde mi mente ha ido desencadenando la embestida.

En cada situación la mente ha ido tejiendo diferentes argumentos: Pensamientos de ataque hacia mi, unas veces, juzgándome por algo; miedo ante posibles situaciones venideras en otras ocasiones; rabia contra alguien por lo que creo que son sus pensamientos; juicios u opiniones sobre mi o sobre alguna situación que me concierne; culpa por estar haciendo algo o por estar dejándolo de hacer y de nuevo juzgándome por ello, en fin los guiones de mi mente separada pueden ser muy variados, aunque todos son tejidos con unos cuantos hilos de sobra conocidos, juicios, culpa, proyección…

Y como decía, me doy cuenta de cómo mi mente ha ido, sutil y eficazmente, desencadenando la envestida, y cómo las emociones, sensaciones o sentimientos han ido surgiendo dentro de mi. Me siento mal, y gracias a ello me estoy dando cuenta.

Entonces el Curso me ha ido enseñando a recordar que todo eso no es mi verdad, que todos esos pensamientos no son pensamiento de Dios, y puedo verlo y recordarlo en medio del dolor. Y el Curso me va enseñando a recordar que puedo elegir de nuevo, una y otra vez, que puedo elegir en favor de la Paz, de la Verdad.

Y poco a poco, o mucho a mucho, voy entregando esos pensamientos y sensaciones a Aquél que sabe, al Maestro y Guía interior, al Consolador. Y poco a poco, o mucho a mucho, mi respiración comienza a cambiar, mis sensaciones, mi mente y mi percepción. Como una niebla que se va despejando y dando paso a la luz, el día se abre y puedo seguir caminando. Gracias Espíritu Santo, gracias Maestro, gracias a mi mente correcta, a mi percepción corregida y verdadera.

Y las envestidas me seguirán viniendo, soy un estudiante. Por eso el Curso está para entrenar mi mente, nuestras mentes, y nos propone estar vigilantes, y nos pide buena voluntad para, una y otra vez, elegir de nuevo.

¿Qué prefieres ser, rehén del ego o anfitrión de Dios? Aceptarás únicamente a aquel que invites. Eres libre de determinar quién ha de ser tu invitado y cuánto tiempo ha de permanecer contigo. Mas esto no es auténtica libertad, pues depende todavía de cómo la consideres. El Espíritu Santo se encuentra ahí, pero no puede ayudarte a menos que tú se lo pidas. Y el ego no es nada, tanto si lo invitas a que entre como si no. La auténtica libertad radica en darle la bienvenida a la realidad; y de tus invitados, sólo el Espíritu Santo es real. Date cuenta, pues, de Quién mora en ti, reconociendo simplemente lo que ya se encuentra ahí, y no te conformes con consoladores imaginarios, pues el Consolador de Dios se encuentra en ti. T.11.II.7

Tal vez te preguntes cómo es posible que la voz de algo que no existe pueda ser tan insistente. ¿Has pensado alguna vez en el poder de distorsión que tiene lo que deseas, aun cuando no es real? Son muchos los casos que demuestran cómo lo que deseas distorsiona tu percepción. Nadie puede dudar de la pericia del ego para presentar casos falsos. Ni nadie puede dudar tampoco de que estás dispuesto a escucharle hasta que decidas no aceptar nada excepto la verdad. Cuando dejes de lado al ego, éste desaparecerá. La Voz del Espíritu Santo es tan potente como la buena voluntad que tengas de escucharla. No puede ser más potente sin que viole tu libertad de decisión, que el Espíritu Santo intenta restaurar, no menoscabar. T.8.VIII.8

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Comentarios en: "Embestidas" (5)

  1. Creo que es fundamental entender que un buen estudiante del Curso está llamado a aceptar – y de buena gana – los vaivenes del proceso de des-hacimiento. Enojarse, caer en la trampa de los juicios, enfermarse, no es nada en si mismo. Son solo aquello que queremos que sean: el pan del ego de cada día o una nueva oportunidad para elegir de nuevo.

  2. Aceptando las ‘Envestidas’ que se producen en el transcurso del estudio del Curso me hago consciente de que mi entrega a sus lecciones, de que mi entrega a soltar lo que ya no sirve, de que mis ‘movimientos’ internos y externos…TODO, hace honor a la Verdad. La Verdad de haberme entregado a un proceso tan doloroso ( sólo a veces) como necesario, tan pacificador como brillante, tan revolucionario para mi corazón y mi mente, como Amoroso y vital. Gracias por vuestra labor que sin duda es tan necesaria.

  3. mayerling dijo:

    Gracias por recordarme. Yo también uso la respiración como mi puente preferido al AMOR…

  4. Perdonad, ¿os referís a “embestida”?.

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